Hablando de compras, hace tiempo encontré un libro con un título bastante peculiar: Los Niños Son Tontos, Tírales Piedras y obviamete fue el título, y no su color amarillo-BobEsponja, lo que me llamó la atención. Claro que pensé comprarlo para ver qué es lo que un hombre (el autor es Todd Goldman) tiene que decir sobre los demás hombres. Pero NO. Por muy atractivo que se veía el librito decidí ahorrarme mis pesitos y quedarme con las ganas de saber de qué trata. La contraportada no ayudó en nada para animarme a comprarlo: Puedes divertirte con ellos y darles órdenes. Son bastante apestosos e inútiles. Parece como si vinieran de una fábrica de tontos. Aprende a conocerlos, sacarlos de onda, cortarlos, volverlos locos o ser cruel... y si por alguna estúpida razón decides tener novio, aquí están todos los tips para entrenarlo a tu gusto.
Oh my goodness! Es como Por Qué Los Hombres Aman a Las Cabronas pero para niñas o adolescentes! Mientras Doña Elba Esther no lo convierta en libro de texto! Tendríamos millones de mini Paquitas las del Barrio.
Qué le espera a mis hijitos, cuando los tenga, claro! Será que me convertiré en una suegra que psicoanalizará y cuestionará a las candidatas a nuera??? "Oye, y tu leíste el de Los Niños Son Tontos...?" "Sabes si tu mamá lo leyó?" ¨Me contestas unas pruebitas?" "A ver, dibújame a tu familia, mientras deja saco mi DSM-IV"
Sí. En cuestión de segundos me proyecté cañón y muy gacho y solo le pedí a MariJose que le tomara una foto y lo regresé a su lugar, no sea que se me fuera a pegar!
He regresado a las tiendas de los buhitos solo para ver si de casualidad hay algún ejemplar sin plastiquito protector, pero no, nadie se ha atrevido a abrir uno. Hoy me explicaron que se trata de un libro de arte con una que otra frase proyectiva típica de las mujeres. Osea, nada de texto. El autor resultó ser un Paquito bastante artístico.
Si llegan a ver el contenido, ahí me cuentan. O me dicen en que Sanborns lo encuentro abierto por que la verdad no quiero tenerlo en mi librero, si no tengo a Van Gogh ni a Dalí, por qué a Goldman sí?