palabras ligadoras y un café




Pues resulta que andaba rondando las calles de la Condesa cuando ví un lugarsito bastante coquetón. Con todo y el frío que hacía se me antojó sentarme en una de sus mesas callejeras con sombrilla, mantel de cuadros en tonos azules y maceta de margaritas al centro. Hasta el aire sabía rico!

Realmente pensé que era un buen lugar para pasar un ratito sola leyendo o simplemente divagando en las cosas en las que normalmente divago ó en su caso, noviar melosamente con alguien merecedor de ser exhibido conmigo. Sí! Por qué no? Qué hay de malo en noviar con un rico café irlandés sentada en una mesa en la banqueta?

No pude evitar pensar en las mil y un cursilerías que podrían pasar y las palabras que podrían decirse ahí en una tarde de lluvia, porque, imagino, una pareja en ligue preferiría estar ahí en lugar de ir a Starbucks a tomar capuchinos en vasos de cartón.

Una pareja veintiañera tomó la mesa que estaba frente a mí. Se veía que era una primera cita, que estaban ligando. Me parecía, y no me equivoqué, que era él el más interesado en quedar bien y empezaron a platicar y ligar y entonces caí en cuenta de la verdadera razón por la que yo estaba sola y no con un novio encantador: No se ligar! Me he vuelto obsoleta... además, parece que me fijo en modelo de hombre equivocado.

En mis tiempos de secundaria dábamos la vuelta, literalmente, en Plaza Satélite y hacíamos preguntas tontas como ¿Cómo se llama tu mamá? ¿Vas al club? ¿A qué se dedica tu papá? ¿Tienes hermanos? ¿Mascotas? ¿Te cae bien la maestra de Química? ¿Cómo dices que se llama tu mamá? ¿Quieres ir al cine o seguimos caminando? Por supuesto, nadie se recantoneaba con cualquiera en Plaza Satélite! Había que escoger bien.

También hacía cosas "inútiles" como guardar el sweater de Jesús mientras jugaba basquet, o usar la bufanda llena de loción, intercambiar discos y disparar nieves a la hora de la salida.

¿Ellos? Tampoco sabían ligar. Imaginen, me escribían cartas y me mandaban de esas "tontas" tarjetas como donde Alex disque escribía cosas románticas en Francés, Jesús me dedicaba las canciones de los Beatles, Sergio juraba amor eterno, Daniel me decía que moría por un beso y Hector tocaba la guitarra por teléfono.

Pero bueno, AFORTUNADAMENTE el destino puso a esta tan ejemplar pareja para abrirme los ojos a la vida y mis neuronas a la lección de amor:

(palabras más, palabras menos)

Él -Y entonces cómo ves?
Ella -Está bien.
-Qué manchado, no? Quieres un pastelito para tu café?
-No es mucho? Lo podemos compartir?
-No tienes que cuidarte, la verdad tienes muy buen cuerpo. Vas al gym?
-Todos los d...
-Señorita, un pastel de zanahoria para compartir. Pero que la rebanada esté grande o esta pequeña se muere de hambre. (seguro ella sintió maripositas cuando la llamó pequeña)

..... mutis .....
efecto de lluvia y grillitos cantando

-Como que me duele el estómago. (hombre mostrándose vulnerable)
-Cómo crees? Seguro algo que comiste. No vayas a tomar leche porque te terminas de enfermar. (mujer desinteresadamente preocupada por su bienestar)
-Es que hoy si me manché... (rompimiento de tabúes)
-Si quieres nos vamos y vas al doctor. (más sacrificada no puede ser)
-Es que mi dieta está cañona. Me eché mi atole, dos tortas de tamal y un tamal.
-Dos tortas de tamal y un tamal? (confirmo, te estoy poniendo atención)
-Si. DOS tortas y un tamal. Mi pan de dulce, un plátano y mi barra de granola. (fuera inhibiciones, así soy y que?)

-ella permaneció callada - supongo que porque se dió cuenta de que éste tipo no solo era el mejor candidato, también el amor de su vida!

-Lo bueno es que bajé a las doce por unas quecas y mi licuado de fresa. (ves? me adapto al ambiente paisano de las quecas y al de la gente fresa)
-Y no se te antojó un conejito de chocolate? (consentidora la muchacha)
-No. Me compré un snickers con mi coca. (que linda, pero estoy bien)
-Oye...
-Tu qué comiste? Fuiste a las ensaladas? Yo fui con doña Reme. Hoy hubo sopa de papa, verdolagas y papas rellenas de tocino.
-Rellenas!?!? (preocupada por la nutrición de su amorsín)
-Sí, pero solo comí una porque no tenían mucha crema. Oye pero que nos agarra la lluvia! Nos metimos a los cafetales por un chocolate blanco bien caliente y un chisquéi de cajeta. (Te digo, tengo buen gusto, puedes presentarme a tu familia)

Y así siguió su plática. Kilos y kilos de comida. Parecía la descripción de una ruta gastronómica.

Estaba yo tan sorprendida que dejé mi libro y mi café a un lado.

Luego de dos pasteles de zanahoria y un chocolate blanco con menta para llevar, él la invitó a salir y ella, luego de un silencio prolongado, tomó sus manos, le acomodó el cabello, le dió un beso y le dijo sí.


Habérmelo dicho antes, para ligar hay que tragar!