Esta imagen que ves aquí tan colorida me parece totalmente horrenda, artísticamente caótica, pero es un reflejo perfecto de mi estado mental y emocional de hace dos viernes, ese tan horrendo 13 de marzo, que afortunadamente salvó Maytesiux.Salí de Illy con un riquísimo y aromático café, estaba inspirada, concentrada, relajada y feliz. Tenía mi mente fresca llena de ideas, quizá algo desorganizadas, pero tenía muchas cosas que escribir. Llegando a la esquina me di cuenta de que el Papa estaba tumbáo. Sí, seguramente lo vieron en las noticias. La base de cemento estaba volteada y la estatua del Papa de picada.
El velador me contó la historia: un precoz, irresponsable y totalmente alcoholizado individuo trató de huir del alcoholímetro y en la esquina de Francia e Insurgentes terminó atropellando a un policía y luego chocó contra la estatua-monumento a Juan Pablo II. Seguí hacia el piso siete.
Mi mañana siguió tranquila pero no podía sacar de mi mente la imagen del Papa de cabeza, como si en verdad fuera él. Ví cuando llegó la grúa y lo amarraron para levantarlo. Lo imaginaba con vida, dando pataditas para ponerse de pie sin poder mover las manos, esa idea me desesperó, sentí que el estómago se me encogía. Era el momento perfecto para empezar a postear y borrar de mi mente esa imagen tan grotesca.
Disculpe asté la interrupción pero quiero aclarar que NO me quisiera explayar, necesito sacar esto de mi sistema porque desde ese día mi mente está constipada y mis ideas frustradas.
Traté de escribir, hacía mucho calor, abrí las ventilas... es increíble el ruido que hay en la calle. Si tengo el radio encendido, simplemente no lo oigo. Lo apagué, seguí escribiendo. Terminaba mi primer párrafo cuando sonó ese ruido tan horrible que se produce cuando algo hace interferencia con un micrófono. Ni siquiera me dio tiempo de preguntarme qué era eso cuando entonces escuché....
-Sí, aquí fué. Entérese. Lleve la noticia completa. La muerte, el asesinato, la imprudencia. Aquí murió. Vea las fotos. La noticia del día. Un borracho asesinó a un policía y tiró al Papa.
Lo repetía una y otra vez. No se con qué lubrican su garganta esos tipos pero si lo descubriera lo desaparecería del mercado.
Fue hartante! Cerré ventilas y persianas y aun parecía que el merolico hablaba con el altavoz apuntando a mis oidos.
Vi que vendía su periódico como pan caliente y al cabo de un rato parecía que no tenía más de diez ejemplares en sus manos. Bajé a comprarle todos. $260 pesos y mis oídos serían felices otra vez. Eran 14 periodiquitos que repartí de regreso a la oficina. Leí la noticia, totalmente amarillista. Tiré el periódico a la basura y entonces... cual caricatura... sonó la corneta esa otra vez. El tipo había regresado! Solo yo, y mi jefe, pudimos pensar que comprar sus ejemplares sería una solución.
No podía escribir, no oía nada. Si sonaba el teléfono no oía nada de lo que decían. Opté por no contestar pero el timbre de los teléfonos era igual de estresante que los merolicos periodiqueros. Sí. Merolicos. Ya eran dos, y en cuestion de minutos eran 4. Se multiplicaron, y el ruido también.
Mataron mi tranquilidad, mi alegría y mi inspiración.
Los colores una vez que los mezclas ya no los puedes separar, puedes crear uno nuevo pero nunca volver al original. Eso me pasó. Mis ideas coloridas se mezclaron, fue un caos. Mis neuronas debieron haberse estado azotando una contra la otra.
Dieron las 4 de la tarde. Salí de la oficina corriendo para encontrarme con Mayté y esos horrorosos seres seguían ahí. Ví a uno de cerca por que me paré junto a él. Tenía puestos unos tapones color naranja para proteger sus oídos. Me reí. Fue una de esas risas sarcásticas y dolorosas. Quería que la grua que se llevó la estatua se los llevara también, de cabeza, que los levantara por los pies. Imposible. Ni pidiéndoselo al mismo Papa.
Así es que me fuí. Me encontré con Mayté. Alivió mi tarde. Mis dias siguen aunque la base de la estatua siga tirada en el camellón y el Papa ... pues no sé ... aún no lo regresan. Y mis ideas tampoco.
Mi terapeuta diría que necesito hacer las pases con los merolicos para entrar en paz y que mis ideas fluyan. Y pues aquí está. Su "homenaje", tan amarillista como su noticia -jeje!
Porque aquí fué, sépalo usted, donde el merolico mayor y sus secuaces secuestraron mis ideas. Un acto atroz. Un crimen imperdonable. Tenían como arma unas cornetas. Las usaron en esta esquina. Atontaron mis ideas. Las intimidaron. Las amagaraon y se las llevaron. Llévese la nota. Vea la foto. Vealos bien. No los olvide. Si los ve en la calle huya. Corra. A-lé-je-se. Bloqueé su mente. Piense positivo. Piense en una pared, en las Cataratas del Niágara, en el Mar de Cortés, en la Novena Sinfonía o hasta en el Himno Nacional. Porque le mantan sus ideas, ya lo hicieron una vez. Sí... aquí fué!