
Hace unos días leí Esperando en el blog de Hector y de inmediato pensé en algunos momentos en los que he debido o decidido esperar algo por algo o para algo; porque claro, esperar sin un propósito pues es sinónimo de inutilidad. Y bueno, hay que saber diferenciar, hay de esperas a esperas, según si mi recurso es el tiempo o eso mucho más grande y llenador, y menos limitante: esperanza. Porque no es lo mismo esperar por algo que tarde o temprano sucederá, a esperar a que algo suceda casi de la nada.
Decidí hacer una lista y me sorprendí. Mi lista de eventos ha sido larga, imagínen todo lo que no he esperado en 31 años de vida! Encontré esperas de todo tipo y descubrí que las esperas más largas y quizá más difíciles, son aquéllas en que justamente nada depende de mí. Aquellas en las que no hay más que dejar pasar el tiempo y esperar, con esperanza, a que "algo" suceda, y por qué no? también a que NO suceda. Eso, creo, es esperar con inteligencia, porque hay que saber reconocer que ciertas cosas simplemente no sucederán y entonces lo que sucede (osea que sí sucede algo) es que decidimos dejar de esperar hacer algo al respecto.
Así es que a seguir esperando, pero con inteligencia, algo siempre pasará.
Decidí hacer una lista y me sorprendí. Mi lista de eventos ha sido larga, imagínen todo lo que no he esperado en 31 años de vida! Encontré esperas de todo tipo y descubrí que las esperas más largas y quizá más difíciles, son aquéllas en que justamente nada depende de mí. Aquellas en las que no hay más que dejar pasar el tiempo y esperar, con esperanza, a que "algo" suceda, y por qué no? también a que NO suceda. Eso, creo, es esperar con inteligencia, porque hay que saber reconocer que ciertas cosas simplemente no sucederán y entonces lo que sucede (osea que sí sucede algo) es que decidimos dejar de esperar hacer algo al respecto.
Así es que a seguir esperando, pero con inteligencia, algo siempre pasará.